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Desde que salí de la escuela de periodismo, allá por el 2006 y con una incipiente “era digital” que no nos avecinaba a ciencia cierta lo que vendría, ya se hablaba del fin del periodismo como lo conocíamos. La amenaza de la inmediatez que nos ofrecía Twitter hacía suponer que el papel dejaría de existir y junto con ello, el fin de las 6W y la búsqueda de la verdad que con tanto ímpetu nos habían enseñado. 

Todo era incierto, la llegada de la banda ancha nos hacía pensar en la proliferación de los blogs temáticos -al parecer no estábamos tan alejados-. Se decía que el futuro sería del “papel couché” y la radio. Nada ni nadie nos hacía presagiar lo equivocados que estábamos. Nadie se imaginó en el monstruo que se convertiría Facebook, que tendríamos un Instagram que sería una vitrina de contenidos absurda y que Google -ese que tímidamente nos ofrecía un servicio de correo por invitación- lucraría con nuestros intereses y datos,  y aceleraría el proceso del fin del ejercicio de la profesión como nos la habían enseñado.

El primer caído -al menos el que recuerdo- fue el diario La Nación cuya última edición impresa circuló el 19 de diciembre del 2010. Ocho años después la industria vuelve a ser golpeada y con un látigo mucho más duro. En marzo de 2018 se fusiona el Pulso con La Tercera dejando a varios colegas fuera del medio. Meses más tarde, el conglomerado de Saieh anuncia que revista Paula toma el formato de la revista Mujer y, Qué Pasa se convierte en un blog. En julio se imprime la última portada del diario La Hora.  Todos medios pertenecientes a la misma línea editorial ¿el fin de una era o la crisis del medio?.

Podríamos haber hablado de una crisis interna, pero los despidos y cierres no pararon, ya en diciembre del mismo año nos enteramos que revista Cosas se dejaba de editar y que dos meses después, -en febrero del 2019- le seguiría los pasos quien fue su competencia directa: revista Caras, junto al resto de las del grupo Televisa, dejando a la industria de la moda, el lifestyle y las tendencias sin espacio para comunicar.

A toda la avalancha de despidos, podemos sumar las desvinculaciones de TVN y Canal 13 que se han dado desde el 2018 a la fecha. Tras el 18 de octubre del 2019, las radios también se sumaron a la “moda de las desvinculaciones” que viene golpeando al periodismo de manera no tan silenciosa y que no se detiene. 

La mañana del 29 de enero estuvo marcada por un nuevo golpe de COPESA que anunció el fin del papel del diario popular La Cuarta y la disminución de las ediciones impresas de La Tercera, limitándose solo al fin de semana. Quisiera abrir el debate con la siguiente reflexión: ¿será entonces que estamos frente a una verdadera crisis de los medios o a una crisis de quien tiene una representación y control del grupo de medios más importantes del país?

Y es que lo del viernes 29, lamentablemente no nos pilla tan de sorpresa, el grupo de Saieh ya lo venía anunciando hace tiempo en off y en on:  el 20.11.2018 CNN titulaba “La Tercera estaría evaluando convertirse en diario digital y dejar su versión impresa”, justificado que el modelo de negocios ya no estaba rentando. El 29.04.2020 leíamos “Diarios La Tercera y La Cuarta podrían dejar de imprimirse por crisis económica” esta vez apelando a que la crisis se viene dando por el Coronavirus (recordemos que el medio estuvo acogido a la Ley de Protección del Empleo). Sin embargo, COPESA viene reduciendo y eliminando medios desde hace años, incluso el blog Biut fue dejado a la deriva del olvido y no pasemos por alto tampoco la venta de la frecuencia radial de las radios  Beethoven y Zero a la PUC, recurriendo a una crisis que responde al modelo económico. 

Lo anterior de verdad es que personalmente me genera demasiado ruido ya que es totalmente contradictorio a lo que se puede interpretar de la entrevista que dio Alejandro Trujillo a la revista de la ANP en su 56 edición, en donde el auditor de audiencias  y plataformas de La Tercera asegura “Nunca antes tuvimos tantas personas leyendo nuestros contenidos”. Puedo comprender que los formatos cambien, las redes sociales y la digitalización nos han puesto el acelerador para que el ejercicio de de la profesión se actualice y avance conforme a las nuevas audiencias, en donde se necesitan generadores y creadores de contenidos muchos más multimedias, más inmediatos y con contenidos directos y especializados, a mi juicio, una oportunidad laboral que nunca antes tuvimos los periodistas.

Entonces, me pregunto es el periodismo el que está en peligro o hay una mano “(in) visible” que está haciendo colapsar al grupo de medios de COPESA, si es así ¿cuál es sería la finalidad?¿qué intereses hay detrás de “la crisis de COPESA?. Tal como lo señaló el Colegio de Periodistas, se hace imperioso hoy en Chile, contar una Ley de Medios que proteja el trabajo periodístico.

 

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