Una de las palabras que se han puesto de moda junto con el Covid -19 es la del TELETRABAJO, esa modalidad a distancia que se ha instaurado, al parecer para quedarse. Y no es fácil, pues hay industrias que evidentemente jamás podrán adaptarse a este formato o acaso, ¿se imaginan a un obrero de la construcción haciendo la mezcla del hormigón, a un reponedor de supermercado o al recolector de basura trabajando desde casa?. Pues obvio que no.

Pero para quienes sí podemos realizar labores a distancia, por muy difícil que pueda ser por estos días compatibilizar trabajo, familia y labores de hogar, debemos entender cuáles son los beneficios y contras de esta modalidad.

El home office, nos ha hecho replantear la forma en que hacemos las cosas. Durante mes de octubre -en pleno estallido social- fue la primera vez que escuchamos con fuerza las palabras: trabajo remoto, home office o teletrabajo, y nos dimos cuenta, durante ese periódo, de que es posible ser productivo en menos de 40 hrs semanales.

En octubre tuvimos que aprender a realizar trabajo remoto de un día para otro. Acostumbrarnos a generar una rutina es clave para el desarrollo de esta nueva modalidad porque no es fácil, sobretodo hoy en medio de la crisis sanitaria que nos aqueja, donde hemos sido testigos que cuando las familias teletrabajan, si no se cuenta con una rutina y una equidad en los roles siempre habrá alguno que terminará agotado y sobreexigido y no solo por el trabajo formal, pues hay que añadir las labores domésticas y el aprendizaje y cuidado de los niños.

Sin embargo, y entendiendo que teletrabajar en tiempos de Covid, es una eventualidad, se nos ha demostrado que es una modalidad a la que nos tendremos que acostumbrar. Si miramos fuera de la caja de la pandemia que nos aqueja y lo extrapolamos a cuando tengamos “esa nueva normalidad” que tanto ansiamos, nos daremos cuenta de las nuevas oportunidades que nos deja este formato.

El teletrabajo nos trae consigo oportunidades que -tras las costumbres- seguro no querremos abandonar, poder tener la flexibilidad horaria que implica por ejemplo no tener que rendir “esos minutitos de atraso” o “lo extenso del almuerzo”, no tener que usar ropa formal a menos que sea necesario, tener todo a la mano, es algo que de verdad es impagable. No tener que moverse en transporte público o tener que subirse al auto en invierno. ¿rico no?

Pero así como nos replantea a nosotros -como colaboradores- una disciplina para poder  realizar nuestro trabajo de manera eficiente. También habrá cambios en el modelo de negocio, pues es claro que bajo este concepto nuestros sueldos ya no serán los mismos. Creo que en este punto, el costo del teletrabajo -hoy- se traspasa al hogar y no a la empresa. Estamos desde nuestras casas, en nuestros escritorios (o no), con nuestros pc, aumentando los costos de todos nuestros servicios básicos (agua, luz, internet, telefonía) y gastos fijos que deberían ser asumidos por la empresa (consumo de café, impresiones, desgaste de herramientas, etc). 

Y es que pensando en este modelo después de la pandemia, todos estos detalles que para nosotros hoy pueden ser insignificantes, al largo plazo nos va a afectar a todos el bolsillo -a trabajadores y empleadores-. Será acaso que tendremos que crear un modelo de bonos (que no son imponibles) o entregar viáticos para el pago de servicios, será que ahora sí tendrán que contratarse los famosos seguros para nuestros dispositivos móviles (celular y computador), será la era del fin del bono de colación y transporte, tendrá que cambiar el código del trabajo, ¿cómo será la regulación laboral bajo este nuevo formato? ¿cuáles serán los límites entre empleado y empleador?.

Preguntas que debemos empezar a replantearnos ya, antes de caer en el círculo de demandas sin sustento.